Nuestros abuelos
levantaron
pirámides de roca
y las cubrieron
de arte y cultura
y mundo
materiales
preciosos
y divinos como
el maíz
y el amaranto
para engarzar
al sol
Las mantenían a
flote a fuego
y sangre y
canto y baile
para conectar
su cima con el tlecuil
celeste y la
luna y las estrellas
crepitantes
En Cantona sus
pirámides
aún son bujías
de luz
que alumbran el
corredor del Golfo
al Centro
Y en el Cerro
del Zopilote
celebraban el
nuevo ciclo
instalando en
su cima pirámide
al Dios Viejo
bajo el fuego
Y la vida
renacía reverbero
por sus
riachuelos
La gran sierpe
subterránea
se deslizaba a
la par de sonidos
de agua
y desembocaba
su caudal
chasqueando la
cola interminable
con sus cascabeles
de agua
en el gran
manantial
para calentar
al sol
su transparente
lomo líquido
Más claro que
el cristal de roca
En El Cerrito
las pirámides domésticas
hechas de barro
se derretían en
las copiosas lluvias
de temporal
e iban a dar a
la Bolsa de agua
para alimentar
con su sedimento
de simiente a
los peces
Así era la vida
lacustre en el Nopalcorra
en los
achahuites
en la cabellera
de agua
en el pantano
Hoy
los tlatoanis
nuevos nos ofrecen
al gran dios
monetario
disponiendo
nuestro territorio
como la gran
piedra de sacrificio
Los nuevos tlatoanis
levantan
pirámides de
basura tóxica
y letal
de cinco
hectáreas
y casi cien
metros de altura
que emanan
vapores
Pero también
los tlatoanis modernos
nos revelan a
los macehuales
que el oráculo
científico
ha mandatado a
crear Grandísimas
Pirámides
más grandes que
las de Cantona
Pirámides con
bandas
y secciones y
montacargas y carretillas
Molinos y micro
plásticos
junto a sus
hermanos gemelos
los hornos de
pirólisis que tendrán
a modo de
chimeneas inteligentes
sus puntas de
pirámide
para el humo
verde y pardo y negro
Y ya en el primer
escalón
receptáculos
para la pesada
escoria
En el
territorio que nos dejaron
los abuelos
Ya no había de
por sí jade ni oro
ni barro ni
achahuites
ni obsidiana
Hoy no habría
tampoco milpa
y ya no habría
metepantles
ni peces ni
patos ni gusanos
de pasto ni gusanos
de magueyes
ni aves
migratorias sobre el paisaje
lacustre
Pero sí tendríamos
mercurio y plomo y cadmio y arsénico
circulando por
las venas y vísceras y alma y piel
de nuestros
pedacitos de patria que son el cuerpo
y la parcela
Por los siglos
de los siglos
síntesis y joya
de nuestro territorio
Ricardo Baldor

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