Introducción
Dentro del paisaje de San José Chiapa y sus municipios
vecinos se genera, de forma silenciosa pero persistente, un paisaje criminal
que al igual que la basura, no queremos ver, no nos agrada, nos provoca miedo,
nos fragmenta e inmoviliza. Lejos de ser un fenómeno espontáneo o reciente,
este territorio se ha ido marcando a fuego por décadas de omisiones estatales,
despojo y naturalización de la ilegalidad. La violencia no solo se
instrumentaliza políticamente para justificar intervenciones extranjeras o
megaproyectos industriales, sino que se convierte en un mecanismo de control
que altera el cuerpo-territorio de sus habitantes. Bajo la narrativa del
progreso y la modernidad, se oculta una realidad compleja donde la industria
formal y la economía criminal conviven, se retroalimentan y colonizan la vida
cotidiana.¹
La idea de que la violencia y el auge del crimen organizado
en San José Chiapa son fenómenos surgidos tras el relevo administrativo federal
de 2018 es una percepción que carece de sustento histórico. El actual paisaje
criminal de la zona no es un producto espontáneo, sino el resultado de un
proceso de consolidación de la industria delictiva que se fraguó a la sombra de
megaproyectos industriales y bajo la protección, por omisión o complicidad, de
figuras clave en la seguridad pública estatal y federal durante la década
pasada.²
La industrialización como catalizador del crimen
La llegada de la planta armadora Audi y la construcción de
la denominada Ciudad Modelo fueron promovidas como el motor de progreso que
transformaría la región. Sin embargo, este crecimiento económico y poblacional
—donde San José Chiapa y su zona de influencia duplicaron su número de
habitantes en menos de una década— no fue acompañado por un fortalecimiento
proporcional de la seguridad ni de la infraestructura social. Al contrario, la
zona se convirtió en un imán para diversos delitos. Durante la propia construcción
de estas obras, ya era común observar la ordeña de combustible de la maquinaria
pesada por parte de sindicatos y grupos criminales, quienes posteriormente
vendían el producto en las colonias más pobres, normalizando desde entonces el
mercado ilegal de hidrocarburos.³
La ubicación estratégica del municipio, inserto en un
corredor atravesado por el poliducto Minatitlán–México y la ruta ferroviaria
conocida como La Bestia, facilitó que el robo de combustible —huachicol— se
entrelazara con otros giros delictivos como el asalto a trenes, el robo de
vehículos y el tráfico de personas migrantes. Esta convergencia no es casual:
responde a una lógica de extracción múltiple donde el territorio es disputado
tanto por capitales transnacionales como por redes criminales que operan con la
anuencia de autoridades locales.⁴
Camiones que construyeron Audi consumieron gasolina robada a mitad de precio, la CTM guarda silencio. Imagen tomada de: https://www.lajornadadeoriente.com.mx/puebla/camiones-construyeron-audi-consumieron-gasolina-robada-mitad-precio-aguilar-camin-la-ctm-guarda-silencio/
El nexo policial y la protección al huachicol
Para entender la impunidad con la que operó esta red, es
fundamental revisar la gestión de Facundo Rosas Rosas, secretario de Seguridad
Pública de Puebla (2013-2015) durante la administración de Rafael Moreno Valle.
Rosas, identificado en investigaciones periodísticas y académicas como parte de
la estructura vinculada a Genaro García Luna (exsecretario federal condenado en
Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico), operó bajo un esquema de
seguridad que permitió un crecimiento exponencial del robo de hidrocarburos.⁵
Bajo su gestión, las tomas clandestinas en Puebla se
dispararon: los registros de Pemex y solicitudes de transparencia documentan un
incremento del 915 % entre 2011 y 2015 respecto al periodo anterior,
consolidando al estado como líder nacional en este delito.⁶ La caída de Rosas
del gabinete estatal no fue casual, sino producto del hallazgo por parte de
fuerzas federales de que sus altos mandos policiacos escoltaban activamente
camionetas cargadas con combustible robado. Esta componenda entre autoridades y
criminales permitió que el huachicol pasara de ser una actividad marginal a una
industria regulada ilegalmente desde el poder, donde la policía municipal y
estatal actuaban como logística y protección.⁷
Erosión académica: el "trabajo" que destruye el
futuro
El impacto social más profundo de esta consolidación
criminal es la naturalización del delito entre los jóvenes. Muchos estudiantes
en municipios de la zona ven en la red de huachicol una oportunidad de
movilidad social inmediata que el sistema educativo no les garantiza. Las
cifras de ingresos que perciben los menores involucrados —quienes pueden ganar
entre 500 y 1,000 pesos diarios como halcones o hasta 1,500 pesos por viaje
como chalanes— superan con creces lo que sus padres obtienen en jornadas
agrícolas legales o en empleos formales precarizados.⁸
Este fenómeno ha generado una disminución significativa en
el rendimiento académico y un cambio conductual en el aula. Investigaciones
cualitativas en la región centrooriente de Puebla revelan que el 70 % de los
docentes coinciden en que hubo un descenso marcado en el desempeño escolar,
mientras que el 100 % reporta transformaciones conductuales: inasistencias
continuas, sueño en clase, apatía y desinterés, pues la prioridad del
estudiante pasa a ser la huachicoleada nocturna. En este contexto, la idea de
que estudiar es innecesario se ha vuelto un sentido común trágico; la escuela
pierde su valor formativo frente a una red criminal que no solo ofrece dinero
fácil, sino también un sentido de identidad, pertenencia y poder en comunidades
históricamente marginadas por los mismos megaproyectos que prometieron
bienestar.⁹
El oro negro que dejó AUDI. Tomado de: https://statuspuebla.com.mx/2019/09/04/el-oro-negro-que-dejo-audi/
Conclusión: un cuerpo-territorio marcado por la doble
extracción
El paisaje criminal de San José Chiapa es una tragedia
anunciada. No es consecuencia de una sola administración ni de un fallo aislado
de seguridad, sino de una cadena de omisiones, pactos de impunidad y lógicas de
extracción que han permitido que el crimen organizado capture la vida política,
económica y educativa de la región. Mientras la industria automotriz opera bajo
sellos de sostenibilidad y modernidad, en sus alrededores persiste una
industria criminal consolidada que ha erosionado el tejido social, contaminado
suelos y aguas, y reconfigurado las aspiraciones de una juventud que hoy ve en
el delito su única vía de subsistencia.
Reconocer esta realidad exige abandonar las narrativas
oficiales que fragmentan el fenómeno y asumir, desde el diálogo de saberes y un paradigma de entender la realidad como un sistema complejo y no una simplificación de causa-consecuencia, que el huachicol no es solo un delito, sino un
síntoma de un modelo de desarrollo que extrae, despoja y luego criminaliza a
quienes quedan a la intemperie. Solo desde una justicia socioambiental
integral, que vincule la defensa del territorio con la protección de la vida
cotidiana y la educación, será posible desmantelar este espejismo de la
modernidad y recuperar el derecho a habitar sin miedo.
📝 Notas al pie
¹ La noción de cuerpo-territorio emerge de movimientos
socioambientales y feministas comunitarios en América Latina, entendiendo que
la violencia extractivista y criminal no solo impacta el espacio geográfico,
sino que se inscribe físicamente, psicológica y culturalmente en quienes lo
habitan. Véase: Cabnal, L. (2010). Acuerdos y reflexiones desde el feminismo
comunitario.
² Diversos reportajes regionales y trabajos académicos
señalan que la dinámica delictiva en la zona centrooriente de Puebla se
consolidó entre 2010 y 2016, mucho antes de los cambios federales de 2018.
Carbajal Rodríguez, M. del R. (2019). Administración del miedo por medio del
uso de la utilidad política de perseguir a un enemigo objetivo. Caso Franja del
Huachicol. Tesis de Maestría, BUAP.
³ El saqueo de combustible durante la construcción de la
planta Audi fue documentado por trabajadores y prensa local, y se vincula con
la falta de vigilancia estatal en zonas de obra. https://www.lajornadadeoriente.com.mx/puebla/camiones-construyeron-audi-consumieron-gasolina-robada-mitad-precio-aguilar-camin-la-ctm-guarda-silencio/
⁴ La intersección entre infraestructura energética,
corredores logísticos y crimen organizado ha sido analizada como un fenómeno de
doble extracción: industrial y criminal. Arroyo Macías, E. M. (2018).
“Huachicoleros, la naturalización del mercado de la ilegalidad”. En Delinquir
sin castigo, la marca del sexenio. COMECSO.
⁵ La relación entre Facundo Rosas Rosas y la estructura de
García Luna ha sido abordada en investigaciones periodísticas y en la tesis de
Carbajal Rodríguez (2019), donde se documenta cómo la seguridad estatal operó
como facilitadora logística del delito. https://www.e-consulta.com/nota/2016-07-05/ciudad/con-facundo-rosas-se-dispararon-tomas-ilegales-de-combustible
⁶ Datos obtenidos mediante solicitudes de transparencia a
Pemex y reportados en Peschard, J., Salazar, M. G., & Olea, O. A. (2021).
“¿Qué sabemos del robo de combustible en México?”. Revista Mexicana de Ciencias
Políticas y Sociales, 66(241), 245-280.
⁷ El hallazgo de policías estatales escoltando camiones con
huachicol fue confirmado por operativos federales en 2015 y derivó en la
renuncia de Rosas. Carbajal Rodríguez (2019), op. cit.
⁸ Los roles y pagos documentados provienen de trabajo de
campo en secundaria de la región. Benítez Sánchez, R. & Espejel Rodríguez,
A. (2021). “El rendimiento académico de los estudiantes vinculados al robo de
combustible”. Revista PACA, 11, 17-34.
⁹ El 70 % de docentes reporta bajo rendimiento y el 100 %
cambios conductuales. La escuela se reduce a un espacio de “presencia corporal”
para evitar la expulsión del sistema, mientras el delito se asume como trabajo
legítimo. Ídem.
📚 Referencias
Arroyo Macías, E. M. (2018). Huachicoleros, la
naturalización del mercado de la ilegalidad. En Delinquir sin castigo, la marca
del sexenio. México: COMECSO.
Benítez Sánchez, R. & Espejel Rodríguez, A. (2021). El
rendimiento académico de los estudiantes vinculados al robo de combustible.
Región Puebla, México. Revista PACA, 11, 17-34.
Cabnal, L. (2010). Acuerdos y reflexiones desde el feminismo
comunitario. Guatemala: ACSUR.
Carbajal Rodríguez, M. del R. (2018). La impunidad como
lujo: la proliferación del robo de combustible en Puebla y su relación con la
élite local. En Corrupción, impunidad, estado de derecho y reforma judicial
(Vol. VII). México: COMECSO.
Carbajal Rodríguez, M. del R. (2019). Administración del
miedo por medio del uso de la utilidad política de perseguir a un enemigo
objetivo. Caso Franja del Huachicol [Tesis de Maestría en Ciencias Políticas].
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
Peschard, J., Salazar, M. G., & Olea, O. A. (2021). ¿Qué
sabemos del robo de combustible en México? Revista Mexicana de Ciencias
Políticas y Sociales, 66(241), 245-280.
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