En San José Chiapa, la tierra no se mide solo en hectáreas. Se mide en historias, en mantos de agua que alimentan milpas, en memorias que aún recuerdan cómo llegaron las promesas y cómo se fueron sin preguntar. Hoy, el anuncio del Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (PODEBI) vuelve a poner el territorio en el centro del debate. Pero, ¿a qué responde realmente este proyecto? ¿Es soberanía industrial o una nueva forma de ocupación disfrazada de sustentabilidad?
Desde nuestra red, creemos que para entenderlo debemos mirar
más allá de los folletos y los discursos oficiales. Hay que entrelazar lo
global con lo local, lo técnico con lo comunitario, y reconocer que el futuro no
se decide en una oficina, sino en el cuidado colectivo del territorio. Porque
la transformación socioterritorial nunca es lineal: es un tejido de fuerzas,
memorias, conflictos y posibilidades que exige una lectura compleja y crítica.
🌍 Un tablero global, un
territorio local: geopolítica y renegociación del T-MEC
El PODEBI no nace en el vacío. Es pieza de un complejo
tablero geopolítico donde la disputa por la hegemonía entre Estados Unidos y
China obliga a México a reubicarse como puente industrial. La renegociación del
T-MEC, la búsqueda del nearshoring y la presión por cadenas de
suministro más cortas convierten a regiones como la nuestra en nodos
estratégicos.
San José Chiapa, con su cercanía al puerto de Veracruz, su
infraestructura ferroviaria y eléctrica, aparece como un engranaje clave,
incluso alineado a la lógica del Corredor Interoceánico. Bajo el discurso de la
“soberanía industrial”, se nos presenta este polo como una oportunidad de
desarrollo. Pero la complejidad nos recuerda que la soberanía no es solo
producir más; es decidir cómo, para quién y a qué costo. Cuando la urgencia
gubernamental y los tiempos corporativos se imponen, el riesgo es claro: que la
sustentabilidad, los ritmos comunitarios y la defensa de lo común queden
relegados a un “detalle” en un expediente técnico.
💧 Memoria, agua y el
riesgo de repetir historias: urgencia vs. sustentabilidad
No podemos hablar del futuro sin mirar la memoria. La
instalación de la planta Audi dejó huellas profundas: procesos opacos en la
compra de tierras ejidales, promesas incumplidas y comunidades que vieron cómo
su territorio se transformaba sin que sus voces fueran escuchadas. Hoy, el
PODEBI promete una “economía circular”, pero el riesgo de repetir errores es
real si no se rompen las lógicas de imposición.
La transición industrial acelera un proceso de
desagrarización: la tierra deja de ser espacio de vida y cultivo para
convertirse en activo de especulación y arrendamiento industrial. Y en San José
Chiapa —parte de la Cuenca Libres-Oriental— el agua no es un recurso abstracto;
son mantos acuíferos prácticamente superficiales, vulnerables a filtraciones
químicas, residuos plásticos y técnicas como la pirólisis, cuyas consecuencias
aún se debaten entre la técnica corporativa y el principio de precaución.
¿Quién asume el costo cuando el ritmo industrial ignora los
ciclos naturales? Las mujeres que cuidan el agua, los jóvenes que heredarán un
suelo transformado, los adultos mayores que sostienen saberes sobre el clima y
la tierra, los jornaleros y las familias en pobreza extrema: sus experiencias
son conocimientos de su territorio que deben dialogar, en pie de igualdad, con
los estudios técnicos. La justicia socioambiental exige reconocer esta
interseccionalidad: no hay un solo “pueblo afectado”, hay realidades
entrecruzadas que exigen respuestas diferenciadas y justas.
🤝 Del trámite al diálogo
de saberes: cómo construir una consulta que sea justicia
Frente a esta urgencia, el camino no es el rechazo
automático ni la aceptación pasiva, sino un verdadero diálogo que ponga en el
centro la justicia socioambiental. Las Evaluaciones de Impacto Social (EVIS),
los Estudios de Impacto Ambiental (EsIA) y los marcos legales exigen consulta,
pero en la práctica suelen reducirse a informar a quienes ya están de acuerdo o
a repartir programas asistenciales.
Una consulta válida reconoce a la comunidad como sujeto
activo, no como receptor pasivo. Requiere:
✅ Metodologías participativas que
incluyan a campesinas, jóvenes, pueblos originarios de la Cuenca, académicos
críticos, gestores culturales y trabajadores, no solo a funcionarios o
beneficiarios de apoyos.
✅ Transparencia real frente al
“secreto industrial”: que los Cuartos de Datos sean espacios abiertos, que las
licitaciones se salvaguarden y que las empresas rindan cuentas anuales ante la
SEMARNAT y, sobre todo, ante la población.
✅ Dictámenes vinculantes: el INPI
debe pronunciarse ante la presencia indígena en la Cuenca Libres-Oriental, pues
este proyecto impacta no sólo al municipio de San José Chiapa; los estudios de
impacto deben ser independientes y considerar no solo beneficios, sino riesgos
reales y medidas de mitigación verificables.
✅ Gobernanza multiactor:
identificar quién influye en el uso del suelo, documentar intereses y tejer
alianzas reales, no imposiciones disfrazadas de “desarrollo”.
El diálogo no es un trámite; es un pacto territorial. Y un
pacto no se firma bajo prisa, se construye con escucha, memoria y respeto a los
tiempos de la tierra y de las comunidades.
🌱 Soberanía industrial,
pero ¿para quién y con qué cuidados?
El PODEBI no es solo un proyecto industrial; es un espejo de
cómo entendemos el desarrollo en tiempos de crisis climática, desigualdad
estructural y disputa por los recursos. Si la soberanía industrial se construye
sobre la extractivización del territorio, la privatización del agua y el
silenciamiento de las comunidades, no habrá bienestar que valga.
Necesitamos un modelo que entrelace la técnica con el
cuidado, la urgencia con la paciencia del territorio, la globalización con la
defensa de lo común. Una soberanía que sea intergeneracional, que no hipoteque
el futuro de quienes aún no tienen voto ni voz en los consejos técnicos. Una
soberanía que sea interseccional, que reconozca que los impactos no son
neutrales: recaen distinto en mujeres, en pueblos originarios, en juventudes
desocupadas, en quienes ya viven en condición de precariedad.
Desde nuestra red, hacemos un llamado a los distintos
órganos de gobierno para que se realicen foros abiertos, talleres y espacios de
encuentro donde se tejan estas preguntas. Porque la transformación
socioterritorial no se impone: se construye entre saberes, entre generaciones,
entre quienes no están dispuestos a cambiar el agua por promesas ni la tierra
por plazos industriales.
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